Estos son dos poemas de mi autoría, que obtuvieron el primer premio en un concurso de poesía local, organizado por la Generación de los 90 y Editorial Alfaguara en el 2007. El título de esta entrada es el título bajo el cual presenté los dos poemas.
El viaje
Si quieres saberlo, te lo digo:
Estar lejos, contigo,
es sentir, gélidos en las mejillas,
los otros aires.
Es asomar el alma al vacío errante.
Al vacío de ser
cuanto no se ha querido,
y volverse olvido
antes de haber sido lo amado.
Es aprender a entender
la eterna derrota ante el mismo enemigo
y aceptar la agonía del deseo
como único sendero permitido.
Es cerrar para siempre
las puertas de una casa,
y ofrendar la última flor
ante las verjas oxidadas.
Es un naufragio en aguas ajenas,
mar de cielos grises,
calles de asfalto
y ausencia colectiva.
Estar lejos es hacerse más fuerte,
es valerse uno mismo.
Es crecer más.
Es mirar, fugazmente, a la muerte.
El regreso
Y al final, de nuevo en casa:
Pregunta quién ha vuelto;
y quién se ha quedado
para siempre
en la ciudad del frío
y de los vientos.
Indaga qué parte de mí
permanece en manos
de quien curtió un corazón,
eligiendo
un querer desacertado.
Interésate, descubre
qué he dejado de ser
y en qué me he convertido.
Busca en el fondo de mis ojos
cuanto ya se ha perdido.
Pero olvida las letras borradas
con dulces vinos
y un ignorar amargo.
Escribiré otras nuevas:
no serán mías, tampoco ajenas.
Porque todo ha sido dicho:
las veredas caminadas
ya no existen.
Nadie puede repetir sus pasos,
ser siempre el mismo.
En fin, no me reproches
si esta noche te miro distinto.
Y déjame mostrarte tu error:
ya no vive aquí, aquella
que, alguna vez, habías conocido.
El viaje
Si quieres saberlo, te lo digo:
Estar lejos, contigo,
es sentir, gélidos en las mejillas,
los otros aires.
Es asomar el alma al vacío errante.
Al vacío de ser
cuanto no se ha querido,
y volverse olvido
antes de haber sido lo amado.
Es aprender a entender
la eterna derrota ante el mismo enemigo
y aceptar la agonía del deseo
como único sendero permitido.
Es cerrar para siempre
las puertas de una casa,
y ofrendar la última flor
ante las verjas oxidadas.
Es un naufragio en aguas ajenas,
mar de cielos grises,
calles de asfalto
y ausencia colectiva.
Estar lejos es hacerse más fuerte,
es valerse uno mismo.
Es crecer más.
Es mirar, fugazmente, a la muerte.
El regreso
Y al final, de nuevo en casa:
Pregunta quién ha vuelto;
y quién se ha quedado
para siempre
en la ciudad del frío
y de los vientos.
Indaga qué parte de mí
permanece en manos
de quien curtió un corazón,
eligiendo
un querer desacertado.
Interésate, descubre
qué he dejado de ser
y en qué me he convertido.
Busca en el fondo de mis ojos
cuanto ya se ha perdido.
Pero olvida las letras borradas
con dulces vinos
y un ignorar amargo.
Escribiré otras nuevas:
no serán mías, tampoco ajenas.
Porque todo ha sido dicho:
las veredas caminadas
ya no existen.
Nadie puede repetir sus pasos,
ser siempre el mismo.
En fin, no me reproches
si esta noche te miro distinto.
Y déjame mostrarte tu error:
ya no vive aquí, aquella
que, alguna vez, habías conocido.
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